El Gobierno británico y Boris Johnson pretenden seguir disfrutando el libre comercio tras el Brexit

Cada vez cunde más la sensación de que el triunfo del Brexit ha dejado lívidos hasta a los que lo auspiciaron, como bien reflejaban el aire cabizbajo de Boris Johnson Michael Gove en su primera comparecencia tras su espectacular triunfo. Ahora, con bastante rostro, el líder de los brexiters, Boris Johnson ha escrito una columna en el periódico donde es articulista, el eurófobo Telegraph, donde alardea de que su país disfrutará ahora de lo mejor de los dos mundos: seguirá accediendo a la mayor zona de libre comercio del planeta, la de la UE, y los británicos podrán seguir asentándose en los países europeos «con todos sus derechos»; pero el Reino Unido tendrá «más dinero», porque no tendrá que contribuir al presupuesto europeo, y además quedará libre de someterse a las leyes europeas.
La duda es si la otra parte, la UE, va a aceptar una tomadura de pelo así: seguir disfrutando de todas las ventajas de la UE sin contribuir económicamente a mantenerla ni verse obligado por sus normas. El notable que la mano derecha de Cameron, el ministro de Economía, George Osborne, que llevaba callado desde el jueves, ha hablado hoy en el mismo sentido que Johnson. Osborne sostiene, al igual que su rival político el ex alcalde de Londres, que no hay prisa por activar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que inicia la desconexión. Dice que antes habrá que buscar «un nuevo tipo de acuerdo con nuestros vecinos». El ministro también ha querido tranquilizar a los comunitarios que viven en Gran Bretaña y a los británicos que lo hacen en Europa. Durante largo tiempo «nada va a cambiar», los ciudadanos tendrán los mismos derechos y se mantendrá «el comercio libre de nuestros bienes y servicios». Es decir, la misma bicoca que busca Johnson: disfrutar de la UE pero sin formar parte de la UE.


La duda es si la otra parte, la UE, va a aceptar una tomadura de pelo así: seguir disfrutando de todas las ventajas de la UE sin contribuir económicamente a mantenerla ni verse obligado por sus normas. El notable que la mano derecha de Cameron, el ministro de Economía, George Osborne, que llevaba callado desde el jueves, ha hablado hoy en el mismo sentido que Johnson. Osborne sostiene, al igual que su rival político el ex alcalde de Londres, que no hay prisa por activar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que inicia la desconexión. Dice que antes habrá que buscar «un nuevo tipo de acuerdo con nuestros vecinos». El ministro también ha querido tranquilizar a los comunitarios que viven en Gran Bretaña y a los británicos que lo hacen en Europa. Durante largo tiempo «nada va a cambiar», los ciudadanos tendrán los mismos derechos y se mantendrá «el comercio libre de nuestros bienes y servicios». Es decir, la misma bicoca que busca Johnson: disfrutar de la UE pero sin formar parte de la UE.
Desde Alemania ya han dejado claro que los británicos salen o se quedan, pero que no hay lugar para apaños. Lo ha expresado Steffen Seibert, portavoz de Angela Merkel. «Antes de que Gran Bretaña envíe su solicitud no habrá conversaciones informales sobre la modalidad de su salida». El portavoz ha sido tajante. El diálogo solo se activará una vez que Londres haya presentado la instancia formal para aplicar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.
El ministro Osborne era hace solo unos meses el favorito para sustituir a Cameron, pero sus amenazas en campaña de aplicar un «presupuesto de emergencia» en caso de Brexit han arruinado su popularidad en filas «tories» y lo han dejado en la cuneta de la carrera sucesoria. Hoy ha dicho que no habrá de inmediato ese presupuesto y que las medidas de emergencia económica –«tenemos que arreglar el tejado de la casa y habrá que hacer ajustes»- deberá tomarlas ya el nuevo primer ministro (que presumiblemente sería Johnson, el más popular entre las bases).

Johnson no ve otro referéndum escocés

Boris Johnson ha reconocido que el resultado del referémdun (52-48 para el Brexit) «no fue del todo abrumador» y que toca «hacer todo lo posible para tranquilizar a los remainers». El líder de Leave ha intentado quitar hierro al arriesgado paso que ha dado el país, y alega que la bolsa está en sus niveles de 2013 y 2014 y que la libra está más alta que el pasado otoño. Sobre el envite de Escocia, cuyo gobierno ya plantea un nuevo referéndum y quiere vetar el Brexit desde su Parlamento de Edimburgo, Johnson se limita a observar que «hubo un referéndum en 2014 y no detecto un gran apetito por otro». Frase voluntarista, porque en Escocia ganó holgadamente el «In» y hay un gran enojo por tener que dejar la UE al rebufo de Inglaterra y Gales.
Hoy la libra ha seguido cayendo ante el dólar, un 2,6% más sobre el desplome del viernes. El índice FTSE 100 de la bolsa de Londres se contrae un 1% y el del FTSE 250, que agrupa a firmas de intereses más locales, ha bajado un 1,8%. Son malos datos, pero mucho mejores del apocalipsis que anticipaba la campaña «Remain».
En paralelo, sigue la guerra del Partido Laborista. Tras la dimisión de catorce miembros del Gobierno en la sombra de Corbyn, esta tarde se celebrará la reunión para estudiar si hay o no una moción de confianza. El número dos del líder laborista, Tom Watson, le ha pedido abiertamente que dimita. También se reúne el Comité 1922, que fija los plazos de relevo en el Partido Conservador, y Cameron reúne a su gabinete, pero sin Boris Johnson, que era ministro sin cartera.

Luis Ventoso/abc madrid