Cerro Alcázar en Calingasta y una leyenda de Huaziul

Huaziul es producto de una leyenda en medio de hechos históricos de San Juan, junto con su muerte, se termina el último Amta Huarpe tras una fallida rebelión contra los españoles en el siglo XVII.


Huaziul tiene la leyenda del cerro Alcázar de Calingasta en San Juan


Leyenda del cerro Alcázar

En Calingasta uno de los más maravillosos lugares de San Juan, lo cierto es que en San Juan estas bellezas están en el área cordillerana y pre-cordillerana de la provincia colindante con Chile.


La leyenda asegura que en el atardecer es cuando se escuchan sonidos y ruidos, y se corresponderían con Huaziul, el último Amta huarpe de estas tierras.

Mientras muchas personas observaron o experimentaron diversas situaciones, en las que lo paranormal estuvo presente. Los aborígenes de la zona se presentaron ante algunos observadores más capaces de la acción. Pues el territorio, es aún, y así esas almas los sienten, de ellos.

Entonces tendría lógica esta leyenda como otras...



La conquista en San Juan y el nombre de Alcázar

Es claro que el cerro Alcázar adquirió este nombre producto de una comparación que hizo el Capitán castizo Diego de Salinas y Heredia con el Alcázar donde los moros otrora habían reinado, y lo que vio es producto de una fortaleza que guardaba a la tribu de Amta Huaziul.

Basado en el libro de César Guerrero, Lugares históricos de San Juan, es que conocemos esta historia.

El cacique Huazihul guarecía a su tribu después del último levantamiento colectivo, en el año 1632 en dicho cerro.

La gran rebelión habría fracasado pero Huazihul, impertérrito y atento a todos los movimientos que se operaban en la incipiente ciudad, irrumpió un día en ella con su gente creyéndola desguarnecida. Pero los españoles no se habían descuidado después del mencionado movimiento y el capitán Diego de Salinas y Heredia, encomendado desde Chile a tal efecto, acechaba agazapado el momento que no tardó en llegar para dar el escarmiento definitivo a los inadaptados indígenas”.

Entonces, el castellano salió al encuentro del cacique quien al ver que los españoles tenían más armas y más hombres dio media vuelta y regresó a su guarida, el Alcázar.

“Pero antes de emprender su retirada pudo alzar como un ave de paso a una linda española que atraída por la estampa del hermoso cacique, o descuidada por la novedad del malón, se dejó llevar en brazos de la audacia, pues ésta había sido el principal motivo de la arremetida del intrépido huaykil o jefe de los huarpes.

Salinas de Heredia esperaba desde hacía tiempo el momento de poder enfrentarse con su colega indio y se lanzó en su persecución hasta penetrar en los propios dominios del fugitivo, quien al verse perseguido se internó en las montañas a fin de eludir la acción en procura de esconder la codiciada presa en lugar seguro de su escondido Alcázar”.

El capitán español era muy hábil en el manejo de las armas y lo único que quería era medirse con el temido Huazihul.

“Siempre al frente y primero de vanguardia, el denodado castellano penetró en la quebrada del cordón aludido quedando como elevado ante un nuevo espectáculo que se le presentó de pronto a la vista y dijo: ‘¡un alcázar!’. Su exclamación no fue el producto de una alucinación, sino la visión real de una fortaleza igual que aquellas construidas en su patria por los árabes, como el alcázar de Toledo. En un primer momento creyó sin duda encontrarse ante la presencia de algún destruido castillo y cuando se disponía a buscar su entrada sintió de pronto en pleno pecho el impacto de una flecha arrojada con certera puntería por el paladín de su pachamama desde lo alto. El momento fue de expectación: la sorpresa de uno y la desilusión del otro, pues Huazihul al observar que su arma no había producido el efecto anhelado, por estrellarse su flecha en la malla metálica que cubría el torso del prevenido peninsular, bajó al llano y arrojó por fin su inútil arco y dando un furibundo alarido salvaje, saltó al frente del adalid odiado”.

El encuentro no fue largo: el cacique dio un mazazo y partió en mil pedazos el escudo del cristiano. “Un solo instante tuvo Salinas de vacilar y tambalearse, dice la crónica. La ancha hoja de Toledo, contestando el golpe abrió enorme boca en el desnudo pecho del guerrero, por donde fugó la vida con la sangre del último amta huarpe que cayó para siempre ante el asombro de la tribu, que huyó despavorida por los vericuetos del Alcázar dejando tras de sí el insepulto cadáver del valiente que defendió como un gran hombre los dominios de sus mayores”.

Señala Guerrero que con la desaparición del arrogante Huazihul se quebró para siempre la resistencia huarpe en San Juan, quedando desde entonces expedido el camino a la conquista.


“Huazihul había muerto en la ley y en su propia morada, pero su nombre se seguiría repitiendo en el ambiente repercutiendo a través de la historia y de la leyenda que ha llegado hasta nosotros para decirnos que el espíritu del huarpe gime aún en las páginas de aquella como una protesta por la extinción que se hizo de su estirpe. Se dice que cuando algún desconocido viola sus soledades en el Alcázar, ruidos extraños se sienten en su interior, principalmente al promediar la tarde cuando el sol ha escondido sus fulgores mirando al Aconcagua.